Esta es tu primera vez en nuestra web

Esta página web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia y nuestros servicios.

Si quieres seguir navegando debes aceptar su uso o configurar las cookies. Puedes obtener más información en nuestra política de cookies.

Salir de la web

Cómo garantizar que los productos alimentarios llegan al consumidor con la máxima calidad



Los consumidores prestan especial atención a cómo se tratan y manipulan los alimentos que consumen. Es por ello por lo que las empresas del sector de la alimentación buscan los máximos estándares de protección y seguridad alimentaria. El conocido certificado IFS (International Food Standard) está desarrollado para crear un sistema de evaluación para las compañías dedicadas tanto al suministro como a la venta de productos alimentarios. Gracias a él, pueden garantizar que todos y cada uno de los productos que adquieren los consumidores finales son de la mejor calidad disponible.

¿Cuáles son las principales características del certificado IFS?

Mediante este certificado, todas las empresas del sector alimentación pueden estar 100% seguras de que cumplen la normativa vigente, garantizando así la seguridad y calidad alimentaria a los consumidores finales.

El International Food Standard evalúa tres campos:

  • Por un lado, la higiene del personal, haciendo hincapié en las medidas de higiene adoptadas por la empresa en su conjunto, y por cada uno de los empleados en particular.
  • Por otro lado, la gestión de materiales extraños y su tratamiento.
  • Y, por último, es requisito indispensable especificar detalladamente las materias primas con las que se elaboran los distintos productos alimentarios.

¿Cuáles son los beneficios del certificado IFS?

Contar con el certificado IFS cuenta con numerosos beneficios y, además, proporciona seguridad en los productos suministrados,. Las principales ventajas de esta normativa son:

Información nutricional

Los consumidores desean saber la información nutricional de los alimentos que consumen. Pues bien, este certificado especifica que toda esta información debe estar perfectamente detallada en todos los alimentos que han tenido algún proceso de transformación. Así, cada producto debe reflejar de manera obligatoria aspectos como: valor energético, cantidad de grasas saturadas, grasas, hidratos de carbono, azúcares y sales. Además, el certificado IFS señala que todos los valores nutricionales deben estar expresados en 100 g o 100 ml para su mejor comprensión.

País de origen

Otra de las obligaciones que determina este certificado de seguridad alimentaria tiene relación con el país de origen. En el envase debe aparecer señalado cuál es el país de origen para que los consumidores puedan saber cuáles son los ingredientes típicos de cada zona alrededor del mundo. Se trata de una información de valor puesto que alguno de estos ingredientes podría causar reacciones alérgicas.

Etiquetado

Acerca de las etiquetas que se incluyen en los productos alimentarios, la normativa determina que el etiquetado debe ser lo suficientemente grande y claro para que los consumidores puedan leerlo y comprenderlo de manera rápida y sencilla. En Europa la fuente, en ningún caso, puede ser inferior a 1,2 mm.

Alérgenos

Si los alimentos en cuestión tienen algún alérgeno, este debe ser más visible que el resto de los ingredientes. Es por ello por lo que se debe resaltar en el listado de ingredientes para sea más sencillo de ver.

¿Cómo obtener el certificado IFS?

Para obtener este certificado de seguridad alimentaria, lo primero y más importante es ponerse en contacto con una empresa certificadora. Este tipo de compañías, como Anexia, tienen en su plantilla a consultores con formación y experiencia en implantaciones de Sistemas de Gestión.

Los técnicos especializados se encargan de todas las fases del proceso de acreditación: desde el asesoramiento inicial hasta la otorgación del certificado (análisis de información, formación, tramitación, auditoría, etc.). Es precisamente la auditoría la etapa más importante de todas. En ella se analizan los componentes tanto internos como externos de la empresa, lo cual es de gran ayuda para detectar puntos débiles que requieren de un proceso de mejora.

Una vez la dirección de la empresa alimentaria se compromete con la colaboración y, los técnicos determinan que cumple con los requisitos exigidos, obtiene el certificado IFS. Así, al finalizar el proyecto, la compañía tiene implantado un Sistema de Gestión 100% adaptado a sus necesidades y características concretas. Y es que es la norma la que se adapta a la empresa, y no al revés.