Sistemas integrados de gestión: ¿para qué sirven?



Un Sistema Integrado de Gestión (SIG), tal y como su propio nombre indica, permite unificar los sistemas de una compañía que se gestionaban por separado en una única gestión. Los objetivos que se persiguen son dos: ahorro de costes operativos y mejora de la eficiencia.

El SIG pertenece a las normas de la serie ISO 9001, que persiguen la calidad y la satisfacción de los clientes a través de la mejora continua. Una adecuada gestión de la calidad aumenta la fidelidad de los clientes a largo plazo, así como la motivación y la productividad de los trabajadores.

En lo que respecta a la estructura de los Sistemas Integrados de Gestión, está compuesta por un tronco principal, del que parten tantas ramas como sistemas haya integrados. El tronco representa el Sistema de Gestión común a las áreas a integrar, como por ejemplo medio ambiente, calidad y seguridad laboral. En cuanto a las ramas, acogen todos los elementos particulares de los sistemas a implantar.

Por lo general, el SIG está formado por la siguiente estructura: política de gestión integrada, organización, planificación, sistema de gestión integrada, documentación del sistema y control, capacitación y cualificación, implantación, evolución y control del sistema integrado, comunicación y mejora del sistema.

Beneficios de los Sistemas Integrados de Gestión

Todos los manuales de gestión se unifican en una única plataforma. Un mismo registro se puede encargar del cumplimiento de un requisito de dos modelos integrados, lo que se traduce en un menor esfuerzo para el correcto mantenimiento del sistema.

Además, al unir los criterios de gestión, se evita la duplicidad de procedimientos, uno de los errores más comunes. El Sistema de Gestión Integrado se pone en marcha al mismo tiempo en todas las áreas, de forma que su implantación es mucho más rápida y sencilla que haciéndolo en cada una de ellas de manera separada.

Al garantizar la misma dedicación a los diferentes Sistemas de Gestión Integrados, la distribución de los recursos y esfuerzos es equitativa. A esto hay que sumar que todos los objetivos y políticas son coherentes entre sí.

En lo que respecta a la formación de los empleados, es mucho más fácil al haber apartados comunes. Y, por último, se tiene un mayor control de la información, la cual fluye multidireccionalmente y está interrelacionada entre sí. Es posible acceder a ella desde cualquier punto de la red informática, con independencia del área a la que pertenezca.

Proceso de integración

Para conseguir la implantación de un Sistema de Gestión Integrado, es requisito imprescindible contar con el apoyo del conjunto de la organización, y muy especialmente de la dirección de la misma.

Si la empresa ya está certificada en un Sistema de Gestión como la norma ISO 9001, el proceso es mucho más simple porque tiene una base sólida. El nuevo sistema se puede implantar de forma paralela, haciendo comunes las directrices operativas. También existe la posibilidad de implantar el sistema integrado desde cero.

Si, por el contrario, la compañía no tiene ninguna norma implantada, hay que diseñar el SIG desde el inicio. Se empieza por el tronco, los elementos comunes para todos los Sistemas de Gestión y luego, para las partes específicas de cada área, se realiza el desarrollo por procesos.

Por último, cabe señalar que para conseguir la correcta implantación de un Sistema de Gestión Integrado un aspecto muy importante es la formación que reciben los empleados de la empresa. Tienen que ser partícipes del proceso, y para ello tienen que dominarlo. Toda la plantilla debe estar al tanto de qué se va a implantar y con qué herramientas van a contar.