Cómo certificarse en alimentación



Los consumidores del siglo XXI se caracterizan por ser muy exigentes con las empresas en las que confían. Si a esto le sumamos las diferentes crisis y alarmas que se han dado en los últimos años en el ámbito de la alimentación, cualquier empresa que forme parte de este sector debe estar certificada en alimentación. Más allá de captar la confianza de los consumidores, garantizar que la compañía cumple al pie de la letra con la normativa vigente es fundamental para acreditar la seguridad de los productos.

 

 

En los últimos años se han creado diferentes normativas para que, una vez implantadas en la compañía del sector alimentario, fortalezcan la seguridad de los productos y, además, transmitan la confianza que los consumidores exigen durante el proceso de decisión de compra. Los protocolos son de carácter voluntario, aunque teniendo en cuenta los requisitos de los clientes y el alto nivel de competencia, certificarse en alimentación es casi una obligación.

Este tipo de certificados son garantías por escrito de que una empresa certificadora garantiza que se cumplen con todos los requisitos exigidos por la normativa vigente, demostrando así que el alimento ha sido producido de una determinada forma o que tiene unas características concretas. ¿Qué tipo de compañías se pueden certificar en alimentación? Todas aquellas que elaboran alimentos, tanto como producto final como producto intermedio, dirigidos a la alimentación humana y/o animal.

 

Valor añadido y normativa

El coste de obtener el certificado de alimentación varía en función de diversos aspectos, como el tipo de certificación o el tiempo que la compañía acreditadora dedica a la implantación de la norma. Los beneficios, más allá de la enorme ventaja competitiva que supone esta acreditación, son muchos.

En primer lugar, supone una garantía plena de que los alimentos que la empresa suministra al mercado son seguros. En segundo lugar, dispone de una serie de herramientas y recursos para una mejor gestión de la seguridad en el ámbito alimentario.

En tercer lugar, la compañía en cuestión tiene un mayor conocimiento y control sobre todas las fases del proceso de producción y los productos, lo que supone además un ahorro en costes operativos. Y, por último, el certificado es una evidencia clara del compromiso con la seguridad alimentaria.

 

Norma ISO

La Organización Internacional para la Estandarización, más conocida como ISO, fue creada en el año 1946 y tiene su sede en la ciudad suiza de Ginebra. Se trata de una organización internacional no gubernamental, que genera normas industriales y comerciales de carácter internacional, las normas ISO. Su principal objetivo es la adecuada coordinación de los reglamentos nacionales para facilitar el intercambio de información y el comercio, y establecer una serie de estándares a nivel global.

Uno de los certificados más populares es la norma ISO 9001, que determina una serie de estándares para un sistema de gestión de calidad. Millones de empresas de todo el mundo están en posesión de esta norma.

La ISO 22000 es una norma específica del sector alimentario: gestión de la seguridad alimentaria desde la granja hasta la nevera. Ofrece un amplio abanico de beneficios a las empresas que forman parte de cualquier fase de la cadena alimentaria: facilita de forma notable el cumplimiento de la legislación, mejora el control de todas las actividades, favorece el crecimiento del mercado, aumenta la confianza de los clientes y mejora la gestión de riesgos.

Todas las compañías del sector alimentario deben tener un compromiso firme para la entrega de alimentos sostenibles, seguros y socialmente responsables. Gracias a las diferentes normativas pueden mejorar la confianza de los clientes y la gestión de riesgos.